martes, 23 de diciembre de 2008

Medallion Porter The Beginning Capítulo 3

Hace mucho que no posteaba capítulos, pero tengo tres proyectos en marcha y no puedo con todos a la vez, y además, debía adelantar esta historia lo suficiente. Pero, como lo prometido es deuda, aquí está el tercer capítulo de la saga.

III. La tierra en donde nació el fuego

Cuando recobró la conciencia, escuchó voces diferentes por todos lados, venían y se alejaban. Abrió un poco los ojos y los abrió del todo al ver que estaba acostada en una habitación con cama. Era la primera vez que veía algo así en Riveria, cosa que le fascinó mucho. Era de noche y el cuarto estaba completamente a oscuras. Pero tenía más secciones conectadas, y en ellas había luz.

Se levantó para averiguar quién estaba ahí. Vio que el piso era de madera y la casa completa estaba pintada de un verde limón, y estaba llena de arreglos y decoraciones antiguos, haciendo pensar que era una casa rica de poco después de la edad media. Se distinguían dos voces en el cuarto iluminado, y ella distinguió una de ellas, era la de Aisha.

Lo encontró sentado a una mesa muy elegante, junto a una creatura semejante a un huevo color rosa y con un delantal. Charlaba junto a él hasta que la chica apareció.

-Es un gusto conocerte, chica humana, quiero decir, Mari –saludó la bola rosa (que era tan grande como ella) muy amablemente. –Soy Casandra, una vieja conocida de Aisha.

-Nos conocimos hace tiempo –agregó el Vemapet –Cuando era pequeño, venía a este sitio con mi familia.

-Es cierto, tu no me has comentado acerca de tu familia… -intervino Mari.

-Y no vale la pena hacerlo. Mi familia cuidó de mí hasta que yo me pudiese mantener por mi cuenta, así ha sido siempre, y así lo será. No necesito tanto sustento al ser un Vemapet, sin embargo, no soy capaz de hacer nada con ese poder. Ellos sabían de ésa situación, que era una deshonra para nuestra etnia, pero aún así, no les importó y me lanzaron al olvido, a un planeta salvaje lleno de peligros.

La niña sintió tristeza al escuchar aquello. Estaba viajando con un aisha desterrado de su propia familia. No pensaba que la vida lantánica fuese tan difícil de llevar.


-No pensé que así de difícil tendría que ser el hecho de ser una clase especial –le respondió Mari. Mientras, Casandra estaba limpiando la posada y recibiendo a otros viajeros.
-Aunque verdaderamente, eso no me importa mucho –concluyó su compañero –Tienen razón al creer que yo puedo defenderme solo si me dejan vivir mi propia vida.

Dejaron de hablar de eso y un poco más tarde estaban en la mesa comiendo junto con otros huéspedes. Ahí mantenían conversaciones agradables sobre anécdotas de cada uno de ellos. Luego cada quién fue a su habitación y el dúo se dispuso a dormir.

La niña se quitó su medallón y lo puso en la mesita de noche que había junto a ella, pero podía asegurarse de que nadie se lo iba a quitar, por eso no estaba en absoluto preocupada, aparte de que estaba en una cama suave junto a un buen amigo descansando. Se durmió muy rápidamente, pues no había ni ruidos ni molestias que le impidiesen que pudiera soñar.

Al despertar, la claridad del día fue quien la obligó a levantarse, pues retomarían el camino en busca de respuestas. Tomó su medallón rápidamente, ese obsequio cuyo valor desconocía. Ambos bajaron a desayunar un poco. La señora les sirvió un poco de “chokato hervido” como plato, aunque éste realmente sabía bien.

-Casandra me ha dicho que la sección oeste de Neopia es un buen lugar para buscar pistas –comentó el Vemapet.

-¿Y qué tan grande es éste continente? –le preguntó la chica. Esperaba no tener que caminar demasiado. Luego comió un pedazo de chokato.

-Créeme que lo suficiente, Mari. Ni yo mismo lo he recorrido por completo.

Luego de eso se despidieron de la bola rosa. Quién les dijo que no se preocuparan por la paga como muestra de bondad, y por conocer a Aisha.
Pasearon un poco por el pueblo. Había muchas creaturas diferentes que a la chica le parecían como animales de su propio mundo. Era muy extraño verlos usar ropa, caminar erguidos e interactuar con otros. Muchos de ellos veían la veían como a una extraña, pues ver un humano en Lantania era algo muy poco común.

Casi al salir, Aisha divisó una pequeña bolsita en el suelo. No dudaron en recogerla, y se dieron cuenta de que en su interior se contenían algunas monedas muy relucientes. No había nadie cerca, por lo que ése dinero les pertenecía. Sonrieron mutuamente y regresaron al centro para comprar provisiones para continuar el viaje.

Sólo compraron una especie de mochila o bolso, agua y algunas frutas para el camino, pues éstas dos últimas eran más difíciles de encontrar en los alrededores de las tierras del oeste. Finalmente se dispusieron a salir del primer lugar civilizado (o eso hubiese pensado la única humana de la región) que habían encontrado.

Al estar ya algo legos y rodeados de cipreses y robles por doquier, Mari sintió como si una sombra fuera detrás suyo, similar a la última vez que había luchado, pero no se lo contó a Aisha, y siguieron caminando. Ella iba un poco nerviosa después de sentir esa oscura presencia, pero no se le notaba cuando se le miraba a los ojos.

-Eres muy valiente ¿sabes? –le dijo su compañero. –Estar en un lugar completamente desconocido para ti, donde todo es diferente a lo que ya conocías en el pasado…

-¿Eh? Debes estas bromeando, yo no soy ese tipo de persona, simplemente quiero con todo mi corazón averiguar la manera de volver a mi hogar, y saber más acerca del medallón…

El calor se volvió insoportable conforme iban caminando, y la cantidad de árboles disminuía. Hacia la tarde no quedaba una sola sombra en la que refrescarse, y el suelo estaba lleno de césped seco en cantidades limitadas.

-¡No puedo aguantar el calor! –rugió Mari luego de largo rato de silencio -¿En dónde estamos? Este lugar parece un desierto.

-Es que verdaderamente estamos en uno… -le aclaró Aisha sin hacer esfuerzo de la voz. –Es tal vez la región más seca de toda Neopia, pero tenemos nuestras razones para estar aquí. He escuchado historias sobre cinco grandes sabios que viven en el palacio de Quazala, una ciudad un tanto cercana a la costa. Como verás, debemos atravesar casi la mitad del continente para poder llegar.

-¿¡Qué!? Eso sí que es un tormento… no esperaba que éste lugar fuera tan grande.

-Y aún podrías ir más allá de ello, Quazala se encuentra en un cabo al sureste de Neopia, hay más territorio en otras regiones.

“Éste sitio es tan grande como la Tierra, y si tomamos en cuenta que ni siquiera conozco mi propio país”, se dijo la chica para sí. –Hey, ¿qué te parece si acampamos aquí? Creo que podríamos adaptar un poco de leña a un cálido fuego si lo quisiéramos

-Supongo que es mejor recobrar energías ¿no? –le respondió su compañero.

El calor descendió poco a poco al ir oscureciendo, y en el cielo no había nubes. Un centenar de luces plateabas lo inundaban haciéndolo ver muy elegante. Tomaron una manta que habían comprado de más en el pueblo y la extendieron sobra la arena, y se recostaron allí. Decidieron no encender fuego para evitar atraer depredadores por la noche, y luego se dispusieron a charlar un poco.

-Dime cómo es tu mundo, Mari –le dijo Aisha buscando una manera de acomodarse.

-Bueno, se parece un poco a éste, pero aquí es más limpio y tranquilo, con excepción de las bestias salvajes que acatar de repente claro. –Suspiró un poco y continuó. –Puedes ver grandes edificios y aparatos tecnológicos por donde sea que mires, llevo casi un año viviendo en donde estoy, pero aún no dejo de asombrarme.

-Increíble… Quisiera ir un día ahí, cuando tú regreses, yo te visitaría entonces.

-Entonces dejemos eso como una promesa, de que quizás algún día puedas ir a mi mundo, y ver todo lo que tiene. Aunque, sinceramente, prefiero quedarme en Riveria, aquí todo luce mucho más lindo, pero también extrañaría a mis amigas y a mi familia… -Se recostó mirando hacia el lado contrario al Vemapet, queriendo decir que al fin iba a dormirse. Él la imitó y en medio de la oscuridad los dos se sumieron en el silencio durante el resto de la noche.

Mari despertó apenas sintió los rayos del sol tocar su cara. Estaba a punto de levantarse cuando se dio cuenta de que no estaba sobre la arena. Saltó del piso de madera en que se encontraba y trató de salir de la oscura habitación cuadrada en que se encontraba. Estaba un poco descuidada y llena de polvo, y por sus paredes veía unos cuantos orificios de luz. Su puerta estaba forzada, por lo que no podía salir. Aisha no estaba allí, y cuando pensó en usar sus poderes, su medallón tampoco estaba con ella.

Estaba muy asustada, pues aparte de estar sola, sentía de nuevo esa presencia que la inquietaba tanto. Si seguía mucho tiempo ahí, podría ahogarse del calor, pero la puerta se abrió. Una figura casi humana apareció detrás de ella, y la miraba. Aquello parecía un ser de poco más de dos metros de altura, erguido en dos patas y cubierto hasta la cabeza de telas negras. Lo único que se podía ver, eran sus ojos, similares a los de un tigre, que fulminaron a la niña.

-¿Es acaso que estás buscando esto? –le dijo la creatura con una voz escalofriante y grave, sacando el medallón que colgaba de una cadena dorada muy fina.

-¡DEVUÉLVEME ESO! –lo desafió Mari y paró frente a él. -¡MEDALLION PORTER!

Nada ocurrió. Instintivamente sabía que cuando gritaba eso, podía transformarse y luchar, pero sin embargo, sólo consiguió que su enemigo se echase a reír.

-Vaya que eres tonta, niña. Tú no sabes el valor de ésta cosa, ni tampoco que si no la llevas puesta, no tienes poderes que te ayuden.

Detrás de él, apareció un segundo. Parecía un lagarto verde y rechoncho, cuya cara parecía un poco desorbitada. Su tamaño era mucho menor que el que tenía el medallón.

-Leo, ¿Qué hacemos con éste bicho indefenso? –preguntó el recién llegado. Y Mari no lo había notado, pero llevaba consigo a su Vemapet, que como ella estaba atado.

-¡AISHA! –gritó al ver como su amigo trataba de escaparse. Ella intentó ir a ayudarlo, pero fue tomada por Leo, quien la lanzó a una esquina del cuarto y por poco la deja inconsciente. No se podía mover, tan solo seguía con la vista al ser de sombras, que aún la miraba con fiereza.

-No te preocupes, Gauron, éstos dos no pueden ser adversarios ni para mí ni para el Señor Oscuro. –le respondió a su ayudante y volvió a reír un poco. Luego se puso el medallón de Mari en su cuello, exhibiendo también una gran cantidad de joyas brillantes. –Quizá me quede con ella en vez de dársela al Señor Oscuro, al igual que he hecho con todas éstas, y ni él me podría detener con tanto poder.

Leo dejó de reír al oír algo similar al sonido del viento, una sueva brisa que le pasó rozando por sus ojos. Su asistente gritó. Tenía sostenido una especie de rayo rojo que parecía hacer daño a quien lo tocara. El medallón brilló como la última vez que se habían enfrentado a alguien.

-No, yo no dejaré que esto suceda ni aquí ni nunca, juré estar con Mari en todo momento y protegerla, eso es algo que nunca cambiará –El Vemapet resaltó con fuerza éstas palabras, y ocurrió un rápido destello. Gauron soltó aquello.

Se produjo un poco de humo dentro de la habitación, lo que provocó que nadie pudiera ver nada. Y ahí estaba su amigo, con una posición ferviente que podía intimidar a muchos. Era más grande, y gran parte de su cuerpo estaba protegido por una especie de armadura negra, menos sus patas, la parte inferior de la cabeza y sus antenas. Además una llama gigante salía de su lomo. Sus ojos por fin se habían abiertos, pues la chica siempre los había visto cerrados, ahora tenía unos grandes ojos naranja muy brillantes, que parecían dispuestos a luchar con toda su alma. Mari sentía que se iba a asfixiar por el calor, el humo y el golpe.

-A… Aisha, ¿eres tú? –susurró la chica antes de caer. Luego cerró sus ojos y no vio nada de lo que sucedió. Sólo sintió como algo que la estaba llevando a otro sitio, y algo tibio dentro de su corazón que la iba avivando poco a poco.

Cuando por fin abrió los ojos, estaba en medio del desierto. La bolsa que había comprado en el pueblo estaba junto a ella, pero luego de eso no había nada. Era aproximadamente el medio día, y ella se puso en pie para ir a explorar. De repente sintió algo que se aproximaba, y se asustó que fuera Leo de nuevo, y el pánico invadió su mente. Fue cuando vio una creatura que saltó desde una duma de arena y fue directamente a ella.

-¡MARI! –le gritó con la voz de un muchacho de su edad, y se acercó para recibir cariño de ella.

-¿Aisha? –preguntó muy extrañada al ver a su amigo tan diferente. Pero en su cara se reflejaba la misma mirada amistosa que había visto cuando lo conoció. – ¿Qué te sucedió? ¿Y ese tal Leo?

-¡Por fin lo he logrado! –le contestó muy alegre. –Me he convertido en un Vemapet legendario, Firesha, ahora sí que podré luchar a tu lado, y todo ha sido gracias a ti.

-¿Firesha? -Pero luego recordó lo que le había contado una vez. –Ah, es cierto, aquello sobre los cuatro Vemapets legendarios, que protegían a este mundo de las desgracias. Pero, ¿no puedes regresar a tu estado original?

-Emm, sí, lo lamento, pero no sé cómo hacerlo…

-¿Y qué tal si cierras los ojos? –Y luego ella tocó su cabeza con el medallón, y en unos segundos volvió a encontrarse con un pequeño ser azul celeste. La miró y le agradeció. Ambos sonrieron, y al poco rato tomaron sus cosas y continuaron caminando.

-Es cierto, no te preocupes por Leo, yo ya me encargué de él…