viernes, 29 de agosto de 2008

Medallion Porter Capítulo 2

Bueno, y aquí llego con el segundo capítulo de Medallion Porter...

II. El Vemapet y el medallón

Su tamaño era similar al de un gato, según Mari podía ver, pues ya había obscurecido. Distinguió un per de antenas que salían de su cabeza, como si fuera un alien. Sus ojos estaban fuertemente cerrados y tenía un collar rojo en su cuello, del que colgaba una gran “A”. Sus antenas se movieron un poco y la chica gritó.

-¡No grites, para –dijo la cosa, a lo que la niña le hizo caso y se sentó. Le preguntó qué era.

-Mi nombre es Aisha –respondió.

-Pp…pero, ¿Tú de donde saliste? –Preguntó alarmada. –O, ¿Qué eres?

-Bien, estaba caminando por el prado de Meridell, cuando de repente, aparecieron unos zethapets y me atraparon. Me arrojaron a una bolsa y me lanzaron al mar. Traté de pedir ayuda, pero nadie me escuchaba; y así fui flotando hasta llegar a ésta costa. Luego ese Gradox me atacó sin motivo alguno…

-¡Oye, espera un momento! –Interrumpió Mari mientras se secaba el cabello -¿Cómo que Meridell y un Gradox te atacó? ¿Esto no es la Tierra? Jamás había escuchado de estos lugares, ni creaturas como tú o la bestia grande y morada que me trajo hasta esta costa también.

Aisha miró extrañado a la chica. Ésta seguía nerviosa al estar frente a un bicho raro hasta ahora desconocido para ella.

-¿Qué es la Tierra? ¡Esto es Lantania! –contestó el aisha. –¡Qué divertida eres! Si ni siquiera sabes en donde estás parada. Y cuéntame, ¿cómo era la creatura púrpura que mencionaste hace un minuto?

-Veamos… Era muy grande y estaba en el agua cuando me encontré con él… Tenía los ojos rojos según pude ver. Tenía unas alas también muy grandes y…

-¿Rugía está por aquí? –preguntó Aisha torciendo una de sus antenas.

-¿Ruqué? –respondió Mari, cuyas ropas estaban casi secas.

-Es el Vemapet Legendario del aire. Hay cuatro Vemapets diferentes, pero los Guardianes Legendarios son las formas evolucionadas de éstos. Yo soy un Vemapet en su forma inicial, y mi sueño es llegar a ser Firesha, el guardián del fuego, ya que solo puede haber un legendario a la vez. Mis ancestros todos han sido Guardianes Legendarios, y estoy seguro de que llegaré a ser el próximo. –Dijo con aire de orgullo.

-Espera… Sigo un poco confundida- interrumpió la chica limpiando el medallón –Todavía no lo entiendo todo muy bien… ¿Quieres decir que a nuestro alrededor hay monstruos asesinos por todos lados? ¿Ese… Gradox era también un Vemapet?

-Se nota que no eres de por aquí… -Aisha la veía con extraño. –No. Gradox no es un Vemapet por más fuerte que haya parecido. Deberíamos dormir… Se hace tarde y no es bueno trasnochar si vas a viajar por la mañana. Además no tenemos comida…

Mari asintió afirmativamente. Por alguna extraña razón ya no sentía más nervios al interactuar con un una creatura hasta ahora desconocida para ella que además podía hablar (y su voz era similar a la de un chico de once años). Sabía que verdaderamente debía investigar de dónde venía el medallón, y cómo volvería a su casa; pero finalmente se quedó dormida y Aisha se acurrucó junto a ella para entrar en calor.

Aquella noche soñó con el “Rugía” que la había rescatado antes. Ella estaba suspendida en el aire en un lugar similar al vacío por el que había llegado hasta allá, y el preguntaba al Vemapet todas las cosas que ella no tenía claras. La bestia no le respondía nada, solo la observaba. Después aparecía una luz como la que ella hizo cuando salvó a Aisha y ambos desaparecían. Todo era muy confuso, y ella gritaba “vuelve, vuelve” pero una voz conocida le entró en la mente.

-¡Oye, Despierta! –le decía el pequeño azulito junto a su lado., pues había abierto los ojos a medias y no visualizaba nada.

-¿Eh? Déjame cinco minutos más, mamá…

Aisha se subió a su cuerpo, y esto provocó que la chica se levantara al instante y gritara del susto. Estuvo nerviosa al primer instante, pero luego recordó lo que había sucedido el día anterior.

-Vaya que duermes mucho –comentó la creatura –Por cierto, no me has dicho tu nombre…

-Oh, lo lamento, me llamo Mari, Shiromoto Mari –respondió amablemente.

El Vemapet había ido a buscar fruta cuando ella estaba dormida. Las encontró cerca de la costa, pues había árboles por todos sitios. Le acercó algunas a la chica y ésta las miró con detalle; no eran frutas a las que estuviera acostumbrada a comer, pero tenía demasiada hambre como para que aquello le importara. Tomó una. Era como un tomate, pero era azul con manchas café. Si su compañero lo tomaba, seguro que ella también podría digerirlo, así k lo mordió. No sabía tan mal como esperaba. Podría comer de ello el resto de su estancia en ese mundo extraño si no encontraba nada más. Luego cogió algo similar a un chile y lo probó también.

-Esos se llaman granientes –comentó Aisha –Por cierto, en mi vida había visto un zhetapet como tú. Eres muy grande para ser un neopet o un petpet, y además posees poderes mágicos a pesar de no ser Vemapet. Solo los Vemapets tenemos poderes…

-¿De qué hablas? –Preguntó Mari –Soy un ser humano, y créeme que ni yo sé de dónde salieron los poderes que tengo. Aunque creo que provienen del medallón, no estoy del todo segura. Además seguro que aquí es normal respirar bajo el agua o emitir una luz potente que acaba con quien te esté atacando…

-¿Ser humano? Había escuchado de ellos antes, pero al menos no los hay en Neopia, el nombre de éste continente, y, no es para nada normal hacer esas cosas que mencionaste. Yo no puedo hacerlas aún cuando soy un Vemapet. ¿Y cómo llegaste hasta aquí?

La chica le contó todo lo que le había sucedido desde que se puso el medallón. Después, Aisha le propuso ayudarle a buscar el origen de la joya y buscar la manera de regresarla a su mundo.

-¿Qué dices? –Le contestó Mari – Deberías pensar también en ti mismo. Sería mejor que fueras a tu casa y te olvidaras de todo esto. Créeme, yo lo puedo hacer sola.

-Bueno… la verdad es que no tengo a donde ir… La verdad es que hace unos días mi familia desapareció como de la nada, y fue cuando decidí ir a buscar ayuda. Corrí y corrí por horas hasta que llegué a la ciudad de Merideru, pero todos me trataban como a un marginado, me sentía solo. Después dos Meerca se me acercaron y me lograron convencer de que fuera con ellos. Como estaba desesperado no tenía otra opción más que aceptar, y fue cuando me engañaron y me lanzaron al mar.

-Oh, creo que eso cambia un poco las cosas ¿no? –Susurró Mari, y luego suspiró –Está bien, puedes venir conmigo si quieres. -Ambos sonrieron y poco tiempo después se pusieron en marcha.

Aquel día el calor azotaba fuertemente. Ninguno de los dos hablaba mientras avanzaban. Una hora después la chica comentó:

-Aisha, ¿hay alguna ciudad cercana? Tal vez ahí podamos buscar información y reabastecernos.

-Pues, hay un pueblo no muy lejos de aquí.-Respondió –Quizá podamos llegar antes de que anochezca. Pero aún así… no tenemos dinero…

Continuaron caminando. Pero no lo suficiente para descubrir que un acantilado se oponía entre su camino. Era muy alto e inclinado como para bajarlo, así que decidieron continuar por la orilla para buscar otra forma de seguir. Se adentraron en un bosque que había más adelante y para su suerte, los árboles les proporcionaban frescura y ánimos para continuar. Pero aún así a Mari le inquietaba algo, no sabía qué era, pero no la dejaba tranquila ni un segundo.

Sintió como si hubiese alguien ahí cerca esperando por ellos. El Vemapet, en cambio, iba bastante tranquilo. Aquel sendero iba paralelo el acantilado, y así podían ver si encontraban algún método para cruzarlo; pero al parecer era interminable. El tiempo transcurría muy lentamente para ellos y en un momento perdieron de vista la gran grieta. Ni él ni ella sabían con exactitud en donde se encontraban ahora, lo cierto es que el paisaje se volvió un poco tétrico y el silencio era cada vez mayor.

Se escuchó una especie de rugido, y ante ellos apareció una especie de monstruo. Éste parecía un dragón oscuro con alas rojas, andaba en cuatro patas y tenía una expresión de odio en sus ojos. Ambos estaban aterrados. El animal tomó a Aisha y empezó a jugar con él como si fuera un osito de peluche. Mari pensó en hacer algo similar a lo que había hecho ante Gradox, pero ni ella misma sabía lo que había ocurrida aquella vez. El monstruo lanzó a su acompañante y se dirigió hacia ella, la tomó y la zarandeó un poco, pero no lo suficiente para que eso ocurriera.

Su medallón entonces se iluminó por completo, y la chica recordó el momento en que se lo había puesto por primera vez. Pero no se abrió un vacío bajo sus pies, sino que terminó de iluminarla a ella también. Inconscientemente gritó “Medallion Porter”. El monstruo se asustó, y la soltó inmediatamente, pero la luz permanecía ahí, suspendida en el aire, y luego empezó a desvanecerse. Ahí estaba Mari Shiromoto, vestida con un curioso traje que en su mayoría era negro, con bordes rosa-morados. Tenía falda también negra, unas botas y cintas en su cabello.

-¿Esta soy yo? –se preguntó a ella misma. Parecía que sus aventuras no hubieran sido ya suficientes. Estaba suspendida en el aire, y algo nerviosa ante la mirada del monstruo, quien retomó su interés en ella. No sabía cómo podía defenderse, pero cuando la bestia se le acercó demasiado, apareció una especie de escudo invisible que impidió que la tocara; justo como la otra vez.

De repente se sintió un poco mareada, y calló en el suelo. Aisha fue a socorrerla, pero fue atrapado por el enemigo. La chica abrió los ojos y vio aquello, y no iba a permitir que su amigo muriese ahí, y logró ponerse en pie, lista para luchar de nuevo. Juntó sus palmas, y una extraña luz apareció por su cuerpo. Logró hacer lo mismo que en su combate ante Gradox, su “Luminus Ray”.

Despertó en el suelo, un poco confusa y volvió en sí con ayuda de Aisha. Estaba atardeciendo.

-¡Lo lograste, Mari! –le dijo con felicidad –Venciste a ese zhetapet usando tu magia.

-¿Magia? ¿Eso era magia?

-Nunca antes la había visto, hasta que te conocí, estoy seguro de que puedes usar magia. Esto me recuerda a la historia del Maestro, un humano como tú que vivía en este continente, y era muy famoso por sus habilidades de usar la magia. ¿No será que eres descendiente de él?

Desde ella era niña, siempre había soñado con poder usar magia. Si eso era solo un sueño, deseaba no despertar jamás. No pensó que nada de lo que le había ocurrido hasta ahora pudiese ser cierto, pero ahí estaba ella, en medio de un mundo hasta ahora desconocido para el hombre, con un ser muy curioso y un medallón que le estaba cumpliendo su deseo más anhelado de la infancia.

En ese entonces se les ocurrió una idea para pasar al otro lado del acantilado. Tenían que regresar a la orilla tan rápido como pudiesen, para poder efectuarlo. Aún así, estaban perdidos, sin ninguna idea de donde estaban. Mari cerró sus ojos para pensar en un plan, y por un solo instante, creyó haber visto a través de los árboles una señal que la guiaba hacia donde deseaba ir. Se asustó un poco y abrió los ojos.

-¿Qué sucedió? –le preguntó Aisha

-Será posible que… -Y cerró de nuevo sus ojos, podía ver todo en tonos azules que la llevaban a través del bosque hasta el borde del enorme hueco que había entre ellos y el camino a la aldea. Abrió de nuevo los ojos, y con una sonrisa tomó al Vemapet y lo llevó cargando a través de la oscura selva de árboles.

-¿A dónde vamos? –Le preguntó con nerviosismo el pequeño aisha -¿Cómo has podido saber el camino?

-No tengo idea, pero pude verlo cuando cerré mis ojos, confía en mí.

Quince minutos después, dieron con el precipicio. Ahora si podían poner en marcha su plan. La chica volvió a mencionar lo que había dicho antes de llegar ahí; aun le parecía increíble a ella y a Aisha. Y Mari estaba ahí, con un traje de lo más peculiar, luego intentó volver a hacer su Luminus Ray, pero en vez de eso, salieron unas pequeñas esferas doradas que se impactaron contra el árbol más cercano a ellos. Este cayó en dirección al cañón, haciendo un puente.

La chica volvió a su atuendo normal, pero tras eso, se sintió un poco mareada. Logró cruzar el puente a salvo, pero luego de eso se desmayó.